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Que me calle

Internet está llena de blogs a los que no entra ni el gato (como es sabido, los gatos son ávidos lectores de blogs), pero éste va un paso más allá: fue olvidado durante casi un año por su propio dueño. Y cuando digo olvidado no quiero decir que no hice ningún post nuevo, quiero decir que me olvidé de que existía.

En este año, último de vida universitaria no graduada, dos actividades inofensivas se me convirtieron casi en adicciones. Una es leer blogs bédé, o sea blogs de francófonos (porque no todos son franceses en la vida) que dibujan y dicen boludeces que hacen reír: L’Ostie d’Chat, Le blog de Mr. Sandwich, Hotmilk, yap y Ma vie est une bande dessinée, por tirar algunos nombres. La otra es Google Maps/Google Earth.

Dos años atrás me reía en la cara de los que se la pasaban viendo cómo era su casa desde arriba. Y me sigo riendo de eso, pero siempre me gustaron los mapas de papel, y desde que empecé a trabajar con ellos ya no tuve escapatoria. Todo empezó con un simple “A ver cómo llegar de la terminal de Rosario al centro”, pero accidentalmente noté que todo se veía raro, hermosamente raro. Ahí descubrí la vista en 45º.

Rosario a 45º

Rosario a 45º

Después me enteré que había un montón de ciudades que tenían esto, solamente era cuestión de encontrarlas. Todo esto lleva a la cuestión principal del post, al mensaje vital cuya necesidad y urgencia bastarían para que con los estándares actuales sea transmitido por cadena nacional: ¡Junín ya tiene las calles marcadas en los mapas de Google!

Es noticia vieja, porque pasó hace un par de meses, pero como ya dije, no me acordaba que este blog existía. ¿Qué significa esto? Que Junín sigue siendo una ciudad aislada nadando en un mar de campo, pero ahora Google te dice cómo llegar, y podés buscar dónde están los monumentos y demás obras declaradas de interés mundial e intergaláctico.

Por otra parte, se cumplió la profecía que había hecho en este post, y el retorno del cine a la ciudad (aunque solamente fui a ver una película bastante mala cuyo nombre no voy a dar para no herir sentimientos) llevó mágicamente a que Google agregara las calles a Maps. Lo de los colectivos se cumplió a medias, porque estamos bien lejos de tener un sistema de transporte urbano, pero hace unos meses vi a una chica parando en la calle al micro que va a la laguna. Peor es nada.

Junín con calles

Junín callado

Caught in the Undertow

All the wind’s at your eyes, at your eyes, at your eyes… when will it stop?

¿Qué fueron el título y el primer párrafo? Nada, estoy escuchando esa canción del sedante Sad Robots EP de los montrealaises de Stars.

Afiche de las jornadas de software libre

Hoy fueron las 6tas (si no me perdí en la cuenta) jornadas de software libre en la universidad. Bah, empezaron ayer, pero yo estuve trabajando, así que para mí fue hoy. No voy a ponerme a desvariar mucho, como quizá hice el año pasado, pero puedo decir que cada vez las organizan mejor y les ponen más onda, aunque me quedé con las ganas de las bailarinas y los fuegos artificiales que nos habían prometido.
Las ideas que saqué en limpio de las charlas que más me gustaron fueron:

  • * Hacer testing durante la fase de desarrollo puede ser bueno, gratificante, y adictivo hasta extremos que rozan lo narcótico
  • * Hay mucho software mal protegido, Paris Hilton sabe más de lo que uno imagina, y la forma políticamente correcta de decir “robar” es “obtener algo que uno desea de una forma alternativa”
  • * Es de buen programador usar código ajeno obtenido de una forma alternativa para lograr algo que uno busca
  • * Los sysadmins son básicamente panaderos

También saqué un par de fotos que prefiero callar para evitar que me tiren piedras y palos :) Pero probablemente acá van a aparecer las cosas pronto.

 
Y ya que estoy, voy a aprovechar el post para poner algo que no tiene absolutamente nada que ver con nada, que es el tremendo parecido que encontré el otro día entre Violeta Urtizberea y Jenny Lewis. Lo gracioso es que las dos fueron actrices desde que eran chiquitas. Raro.

Primavera – La Venganza

Los árboles (caducifolios) tienen hojas, el día es más largo, crónica anuncia que faltan 362 días, canal 7 pone una propaganda moooy rara de un tipo hablando del amor y se puede caminar sin miedo a perder extremidades por congelamiento. Todo esto puede significar una sola cosa, volvió una vez más la primavera (no sabemos hasta cuando va a seguir viniendo).

El año pasado me quedé con las ganas de escribir un post sobre el 21 de Septiembre en la laguna, por lo menos uno solo, para mirarlo unos años después y añorar tiempos mejores. Este año no tengo excusa, hoy voy a estar casi todo el día estudiando para el intento de promoción de Física II del jueves, así que me puedo autorobar unos minutos.

 

Monumento al Asco

El día empezó un poco accidentado, estaba nublado con algo de ganas de llover y me desperté tarde. Busqué rápido alguna receta de Sandwich que no tuviera pedazos de un animal muerto adentro y opté por una versión con berenjena salteada. Seeeeh, la berenjena tiene toda la onda.

Llegamos allá con Gastón y Cecilia tipo una, y nos encontramos con una cantidad de gente que no superaba la que puede haber en el Sahara en navidad.
Dimos una vuelta entera por los caminos sin encontrar demasiado, salvo este extraño Monumento al Asco (como lo bautizó Gastón) cerca del Club Náutico.
También por ahí estaban los baños del far west, que más tarde me dejarían shockeado del asco (ahora entiendo por qué el monumento está por ahí cerca).
Algo distinto de este año con respecto al año pasado, además de la cantidad de gente que había al principio, es que ahora la laguna ya no tenía la *playa* de arena seca y dura que tenía el año pasado por la falta de agua. Una lástima.

 

Baños del far west

Laguneamos y comimos, escuchamos a algunas bandas buenas y otras bastaaante malas (una de ellas ganó el premio a la caradurez musical, tocando una canción que tenía solamente seis palabras en la letra – algo que tenía que ver con piernas cruzadas… o abiertas, no me acuerdo).

El recital de Los Pequeños Hombres, o sea, Los Tipitos se hizo esperar, y esperar, y esperar algo de dos horas. Mientras tanto alguna gente seguía sentada por ahí, cerca del espigón, y otra gente estaba probablemente dentro de sus casillas (no pun intended). La verdad que esta vez no hay mucho que reprochar, todo estuvo bastante tranquilo y sin quilombo, pero lo que sí fue un desastre fue la laguna (precisamnete) de mugre que había. El piso parecía la gran mesa de un restaurant después de una comida.

 

Vista pre-recital

Cuando por fin empezó el recital, la parte de adelante del escenario se lleno de gente, y nosotros quedamos atrapados en un pozo (literalmente). Lo malo fue que adelante nuestro se instalaron unos tipos (con poca pinta de estudiantes) a fumar algo que probablemente no era tabaco, jodieron un poco empujando a todos los que estaban a su alrededor, y se fueron.

La banda en vivo sonó mejor de lo que esperaba, y los tipos, perdón, tipitos, son bastante buena onda, pero me fui decepcionado porque dejaron Campanas en la Noche para el final, y la tuve que escuchar mientras estábamos en la cola de la combi, esperando para volvernos.

 

El sol no se perdió a los tipitos

¡Actua-actualización!

Después de mucho tiempo abro otra vez Google Earth ¿y con qué sorpresa me encuentro? ¡Las imágenes de Junín están actualizadas!

Hubo un tiempo del año pasado en el que esperaba ansioso que esto pasara, pero después me fui olvidando.
A simple vista ya se nota que hay algo distinto, empezando por esa carpa de circo (vamos, tienen 5 segundos para encontrarla).

La calidad es bastante mayor (aunque lejos de ser la de Gringolandia), y están todos los cambios de la última década y media (y los más recientes también), como la UNNOBA, y las nuevas versiones de las plazas, la terminal y el centro. También aparecen los edificios (¡con sombras y todo!).

Lamentablemente querer que aparezcan también los nombres de las calles es pedir demasiado. Pero algún día van a aparecer, quizá cuando lleguen los colectivos y haya cine :)

Era Antes, Ahora Es

Parado en el borde del cordón, esperando a que el rojo del semáforo se convierta en verde. Hay un par de mujeres con bolsas de compras a un costado y un hombre de traje hablando por celular del otro lado.
Amarillo, una camioneta cruza Malvinas. Verde, cruzo Belgrano mirando las celdas peatonales que en algún momento fueron rectángulos blancos.

Camino la cuadra que separa a Belgrano de Rvadavia. Miro enfrente y veo Aurelius, un pub que hace unos años fue Don Pedro, un restaurant. Miro a mi izquierda, arriba, y veo la torre Bó. La recorro hasta abajo con la vista y me encuentro con un negocio de electrodomésticos, parte de una red desparramada por todo el país. Eso antes era una galería.

Llego a la esquina y tengo que elegir: subir hasta San Martín, bajar hasta la municipalidad o seguir derecho. También me podría haber quedado ahí, pero doblo a la derecha y cruzo sin esperar al semáforo.

En la esquina hay un negocio de ropa para mujeres que tiene vidrieras minimalistas. Antes era otro negocio de ropa para mujeres, pero con vidrieras normales. Dos chicas de no más de 17 años me pasan por la izquierda, y un edificio municipal pasa por mi derecha. No sé qué había ahí antes.

Un paredón vacío, una pizzería a la que solía ir y un negocio de ropa para bebés donde me sentaba a esperar a los demás. Esquina.

Piso la vereda de un lugar donde se venden anteojos y telescopios. Ahí se vendieron anteojos y telescopios desde que lo conozco. Para mí eso es desde siempre.

Toco la pared del lugar donde fui a mis clases de confirmación, donde me hice amigo de mis primeros amigos. Miro la puerta de la biblioteca, lugar donde hacíamos los trabajos de la secundaria y donde pasaba el tiempo antes de algo. Veo la entrada de la municipalidad, que ahora está pintada e iluminada. Espero en Benito de Miguel, que se transforma en Arias. Los autos no esperan, no saben esperar.

Llego hasta la plaza, miro a San Martín, camino un cuarto de diagonal y me siento en un banco. Este banco antes no estaba, esta plaza antes no era así. Yo antes no era así.